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Torrijas de Vino y Postres de Semana Santa

4 de febrero de 2026Maria José Sáez Pastor⏱ 22 min de lectura

Las torrijas son el postre mas esperado del calendario culinario español. Cada año, en cuanto llega la Semana Santa, las cocinas de toda España se llenan del aroma inconfundible del pan empapado en vino dulce o leche, rebozado en huevo y frito en aceite de oliva. En esta guía encontrarás la receta clásica de torrijas de vino paso a paso, la versión castellana con leche, una alternativa al horno para quien prefiere algo más ligero, y cinco postres tradicionales de Semana Santa que no pueden faltar en la mesa: pestiños andaluces, buñuelos de viento, leche frita y flores manchegas. Con cantidades exactas, temperaturas, tiempos y todos los trucos para que salgan perfectas.

Ingredientes frescos listos para cocinar
Ingredientes frescos de primera calidad

Torrijas: el postre más esperado de Semana Santa

Hay pocos platos en la gastronomía española que generen tanto consenso como las torrijas. No importa si eres de pueblo o de ciudad, del norte o del sur: cuando llega la Semana Santa, las torrijas aparecen en casi todas las mesas. Es uno de esos postres que va más allá de la receta, porque lleva incorporada la memoria de generaciones.

Su origen es más antiguo de lo que mucha gente imagina. Hay referencias documentadas a preparaciones similares en recetarios del siglo XV, y se popularizaron durante la Cuaresma como una forma práctica de aprovechar el pan del día anterior que empezaba a ponerse duro. En aquella época de abstinencia de carne, el pan empapado en leche o vino y frito en aceite era una fuente calórica asequible y sabrosa. Lo que empezó como un recurso de subsistencia se convirtió, con el tiempo, en uno de los emblemas dulces de la Semana Santa española.

Hoy en día la tradición se mantiene viva, y no solo en los hogares. Pastelerías y restaurantes de todo el país dedican estas fechas a elaborar torrijas artesanas, algunas con interpretaciones muy creativas. Pero la receta de siempre, la que hacía la abuela en casa, sigue siendo la que más emociona.

En Bacalalo llevamos desde 1990 en el Mercat del Ninot de Barcelona, y conocemos bien cómo se organiza la mesa de Semana Santa en los hogares que nos compran. El bacalao es el protagonista salado indiscutible, pero los postres son los que cierran la celebración. Si buscas ideas para la parte salada, te recomendamos nuestra guía completa del menú de Semana Santa con bacalao y nuestras recetas de bacalao para Semana Santa 2026.

Ahora vamos con lo dulce. Empezamos por la reina de todas las versiones: las torrijas de vino.

Torrijas de vino dulce: receta clásica andaluza paso a paso

Las torrijas de vino son la versión más antigua y, para muchos paladares, la más sabrosa. El vino aporta profundidad de sabor, un punto de taninos que equilibra el azúcar, y un color más oscuro y apetitoso que la versión con leche. La receta que presentamos aquí es la clásica andaluza, con vino dulce tipo Málaga o Pedro Ximénez, aunque funciona igualmente bien con un moscatel o un oloroso suave.

Ingredientes (para 8-10 torrijas)

  • 1 barra de pan del día anterior (350-400 g), idealmente pan de pueblo o bolla, con corteza fina
  • 500 ml de vino dulce tipo Málaga, Pedro Ximénez o moscatel
  • 100 ml de agua
  • 3 huevos grandes (temperatura ambiente)
  • Aceite de oliva virgen extra para freír (suave, 0,4°)
  • 150 g de azúcar blanco o moreno
  • 1 cucharadita de canela molida
  • 1 rama de canela
  • La piel de medio limón (sin la parte blanca)
  • La piel de media naranja (opcional, aporta aroma)

Paso 1: Preparar el pan (30 minutos antes)

El pan es la base de todo. Debe tener al menos un día de reposo, preferiblemente dos. Un pan recién hecho absorbe demasiado líquido y se deshace al freírlo. La miga tiene que ser densa pero no compacta: el pan de pueblo o de hogaza es ideal. Las barras de baguette no funcionan bien porque la miga es muy aireada y se rompe.

Corta el pan en rebanadas de entre 2,5 y 3 centímetros de grosor. Si las cortas más finas se romperán al empaparse; si las cortas más gruesas, el interior quedará seco. Una vez cortadas, déjalas reposar en una bandeja sin apilar.

Paso 2: Preparar el vino aromatizado

En un cazo a fuego medio, pon el vino dulce con el agua, la rama de canela, la piel de limón y la de naranja. Lleva a fuego suave y calienta durante 5 minutos sin que llegue a hervir (unos 70-75 °C). El objetivo es que el vino coja los aromas de la canela y los cítricos, y que pierda ligeramente el alcohol. Retira del fuego y deja templar 10 minutos. El remojo debe estar tibio, nunca caliente, para no cocer el pan.

Paso 3: Remojar el pan

Vierte el vino aromatizado en una fuente honda. Introduce las rebanadas de pan con cuidado. Déjalas reposar entre 3 y 5 minutos por cada lado. El pan tiene que absorber bien el líquido pero no desintegrarse: cuando lo levantes con una espumadera, debe estar empapado pero mantener la forma. Si el pan es muy compacto, puedes dejarlo hasta 8 minutos por lado. Si es más poroso, 2-3 minutos son suficientes.

Este punto es crítico. Muchas torrijas fracasan aquí: poco empapadas quedan secas; demasiado empapadas se deshacen en la sartén.

Paso 4: Rebozar en huevo

Bate los 3 huevos en un plato hondo con un pellizco de sal. Pasa cada rebanada empapada por el huevo batido, cubriendo bien todos los lados. Hazlo con delicadeza, usando dos espátulas o una espumadera ancha para no romper el pan.

Paso 5: Freír

Calienta aceite de oliva suave en una sartén grande o en una cazuela baja. La cantidad de aceite tiene que ser generosa: al menos 2 centímetros de profundidad. La temperatura ideal es entre 170 y 180 °C. Si no tienes termómetro, introduce un trozo pequeño de miga: si burbujea inmediatamente pero no se quema, el aceite está en su punto.

Fríe las torrijas de 2 en 2 o de 3 en 3, sin amontonar. Cocina entre 2 y 3 minutos por cada lado hasta que queden doradas y con una costra ligera. Sácalas con una espumadera y déjalas escurrir sobre papel absorbente.

Paso 6: Acabado final

Mezcla el azúcar con la cucharadita de canela molida en un plato. Mientras las torrijas aún están templadas, pásalas por la mezcla de azúcar y canela hasta cubrirlas bien por todos los lados. Colócalas en una fuente y déjalas enfriar a temperatura ambiente.

Las torrijas de vino están riquísimas recién hechas, pero mejoran con el reposo. Si las preparas la noche anterior y las guardas tapadas en la nevera, al día siguiente están en su punto óptimo: el azúcar se ha disuelto ligeramente, la miga está bien impregnada y el sabor del vino se ha asentado.

Cocinero preparando receta con productos del mar
El arte de cocinar productos del mar

Torrijas de leche: la versión castellana

Si las torrijas de vino son el emblema del sur, las de leche son la versión más extendida en el centro y el norte de España. Más suaves, más cremosas, con un sabor a vainilla y canela que resulta irresistible. Son también la versión favorita de los niños y de quienes prefieren un postre de sabor menos intenso.

Ingredientes (para 8-10 torrijas)

  • 1 barra de pan del día anterior (350-400 g)
  • 700 ml de leche entera
  • 100 g de azúcar para la leche
  • 1 rama de canela
  • La piel de un limón
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla (o 1 vaina)
  • 3 huevos grandes
  • Aceite de oliva suave para freír
  • Azúcar y canela molida para rebozar

Elaboración

Calienta la leche con el azúcar, la rama de canela, la piel de limón y la vainilla a fuego medio. Cuando empiece a humear (sin hervir), retira del fuego, tapa y deja infusionar 15 minutos. Cuela y deja templar hasta que esté a unos 40-50 °C.

Corta el pan igual que en la receta de vino: rebanadas de 2,5 a 3 cm. Sumerge cada rebanada en la leche infusionada y deja que absorba bien: entre 3 y 6 minutos por lado según el tipo de pan. La leche penetra más despacio que el vino, así que necesitarás algo más de paciencia.

El proceso de rebozado y fritura es idéntico al de la versión de vino. La diferencia está en el resultado: las torrijas de leche quedan más pálidas por fuera, más blancas por dentro, y con una textura más suave y cremosa. Se terminan igualmente con azúcar y canela, aunque también es clásico servirlas con miel por encima.

Torrijas al horno: versión ligera sin freír

La fritura es parte de la identidad de la torrija, pero para quien prefiere reducir las grasas o simplemente no quiere estar pendiente de la sartén, la versión al horno es una alternativa real y sorprendentemente buena. No son exactamente iguales, pero están ricas y tienen una textura diferente: más esponjosas, menos crujientes, más parecidas a un french toast americano.

Ingredientes (para 8 torrijas)

  • 8 rebanadas de pan de pueblo (2,5 cm de grosor)
  • 400 ml de leche entera o vino dulce (o mezcla de ambos)
  • 2 huevos
  • 80 g de azúcar
  • 1 cucharadita de canela molida
  • La piel de medio limón
  • 1 cucharada de mantequilla sin sal (para pintar la bandeja)

Elaboración

Prepara el remojo igual que en las versiones anteriores. Empapa el pan bien y pásalo por el huevo batido. Forra una bandeja de horno con papel sulfurizado y pinta con mantequilla derretida. Coloca las torrijas sin que se toquen.

Hornea a 200 °C con calor arriba y abajo durante 15 minutos. Da la vuelta a las torrijas y continúa otros 10 minutos hasta que estén doradas. Sácalas del horno, pásalas por azúcar y canela en caliente, y sirve.

El resultado es una torrija con exterior ligeramente crujiente, interior esponjoso, y mucho menos grasa que la versión frita. Ideal para quienes tienen restricciones dietéticas o simplemente prefieren una versión más liviana.

Trucos para torrijas perfectas

Después de años viendo recetas y hablando con cocineros de toda España, estos son los errores más comunes y cómo evitarlos:

El pan, fundamental

  • Pan de al menos 24 horas. El pan fresco tiene demasiada humedad interna y no aguanta el remojo. El pan duro absorbe sin romperse.
  • Grosor mínimo de 2,5 cm. Por debajo, el centro se empapa en exceso y la torrija pierde estructura. Por encima de 3,5 cm, el interior queda seco.
  • Pan de miga densa. Evita baguettes, chapatas o panes con alveolos grandes. El pan de pueblo, la bolla o el pan de molde artesano de miga compacta son los mejores.

El remojo, el momento más delicado

  • Temperatura tibia, nunca caliente. El líquido caliente comienza a cocer la miga y la debilita. Entre 40 y 55 °C es la temperatura ideal para que el pan absorba sin romperse.
  • Controla el tiempo. Saca una rebanada y comprueba: si al levantarla mantiene la forma pero cede ligeramente al presionar el centro, está lista. Si se dobla o se rompe, has esperado demasiado.
  • Usa una espumadera grande. Manipular el pan empapado con una cuchara pequeña es la receta para el desastre. Una espumadera ancha distribuye el peso y evita que la rebanada se parta.

La fritura, el punto crítico

  • Temperatura constante: 170-180 °C. Por debajo, la torrija absorbe aceite y queda grasienta. Por encima, el exterior se quema antes de que el interior se caliente.
  • No pongas demasiadas a la vez. Cada torrija baja la temperatura del aceite. Con 2-3 por tanda, el aceite se recupera entre fritura y fritura.
  • Aceite limpio. Cuela el aceite entre tandas para eliminar los restos de huevo quemado que amargan.
  • Escurre bien. Deja las torrijas al menos 2 minutos sobre papel absorbente antes de pasarlas por el azúcar.

El azúcar y la canela

  • Reboza en caliente. El azúcar se adhiere mucho mejor cuando la torrija está templada. Si esperas a que enfríen, el azúcar resbala y no queda bien cubierta.
  • Proporción: 3 partes de azúcar por 1 de canela. Más canela puede amargar; menos, pierde el aroma característico.

El reposo mejora todo

Las torrijas están buenas recién hechas, pero alcanzan su punto máximo entre 4 y 12 horas después de elaborarse. El azúcar se disuelve ligeramente con la humedad del pan, los sabores se integran y la textura se asienta. Si las haces la noche anterior para el mediodía del día siguiente, estarán en su mejor momento.

Pestiños andaluces: el otro clásico

Si las torrijas son el postre más universal de la Semana Santa española, los pestiños son su complemento perfecto en Andalucía. Son fritos de masa de aceite y anís, bañados en miel o azúcar, con un aroma que hace imposible resistirse. Se elaboran desde la Edad Media y forman parte del recetario conventual español.

Ingredientes (para unos 30 pestiños)

  • 500 g de harina de trigo (fuerza media)
  • 150 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 150 ml de vino blanco seco
  • 50 ml de anís dulce (Cazalla o similar)
  • La piel de un limón y una naranja
  • 1 cucharadita de semillas de sésamo (ajonjolí)
  • 1 cucharadita de anís en grano
  • 1 cucharadita de canela molida
  • Aceite para freír
  • 200 g de miel (o azúcar y canela para rebozar)

Elaboración

Calienta el aceite con las pieles de limón y naranja, el sésamo y el anís en grano a fuego medio durante 5 minutos. Cuela y deja templar. En un bol grande mezcla la harina con la canela. Añade el aceite aromatizado, el vino blanco y el anís dulce. Amasa durante 8-10 minutos hasta obtener una masa lisa y manejable. Deja reposar 30 minutos cubierta con un paño.

Estira la masa con un rodillo hasta unos 2-3 mm de grosor. Corta rectángulos de unos 8x5 cm. Dobla los extremos hacia el centro y presiona para que se peguen, dando forma ovalada al pestiño.

Fríe en aceite caliente (180 °C) hasta que estén dorados y crujientes, unos 3 minutos por lado. Escurre sobre papel absorbente. Baña en miel caliente ligeramente diluida con agua, o pásalos por azúcar y canela. Los pestiños se conservan perfectamente durante varios días en una caja hermética.

Buñuelos de viento

Los buñuelos de viento son una de esas elaboraciones que parecen sencillas y que esconden una pequeña trampa: la masa choux, que si no está bien hecha, no infla. Pero cuando salen bien, son absolutamente adictivos: ligeros, huecos por dentro, con un exterior crujiente que al morderlo cede a una nada dorada y esponjosa. Se rellenan de crema pastelera, nata, trufa o se toman solos con azúcar glass.

Ingredientes (para unos 25-30 buñuelos)

  • 250 ml de agua
  • 100 g de mantequilla sin sal
  • 150 g de harina de trigo (tamizada)
  • 4 huevos grandes (temperatura ambiente)
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • La ralladura de medio limón
  • Aceite de girasol para freír
  • Azúcar glass para espolvorear

Elaboración

En un cazo, lleva a ebullición el agua con la mantequilla, el azúcar y la sal. Cuando hierva, retira del fuego y añade de golpe toda la harina tamizada. Remueve con energía con una espátula hasta que la masa se despegue de las paredes y forme una bola homogénea. Vuelve al fuego suave y seca la masa durante 2 minutos removiendo constantemente.

Retira del fuego y deja enfriar 5 minutos. Añade los huevos de uno en uno, incorporando cada uno completamente antes de añadir el siguiente. La masa final tiene que ser lisa, brillante y caer de la espátula formando una V. Si cae en bloque, le falta un huevo; si cae en hilo continuo, tiene demasiado.

Calienta el aceite a 170 °C. Con dos cucharas o una manga pastelera, forma porciones del tamaño de una nuez y suéltalas en el aceite. Fríe durante 4-5 minutos a fuego medio, dando la vuelta con una espumadera, hasta que estén bien dorados y hayan inflado. No subas demasiado el fuego: a alta temperatura inflan rápido pero quedan crudos por dentro.

Escurre sobre papel absorbente y espolvorea con azúcar glass. Sirve inmediatamente o rellena con crema pastelera usando una manga con boquilla fina.

Leche frita

La leche frita es uno de los postres más elegantes de la Semana Santa española, especialmente arraigado en el norte y en Castilla. La paradoja de su nombre es lo que la hace especial: es leche, líquida por naturaleza, que gracias a la maicena se convierte en una crema sólida que se puede cortar, rebozar y freír. El resultado es un exterior crujiente que encierra un interior suave, cremoso y perfumado a canela y limón.

Ingredientes (para 4 personas)

  • 500 ml de leche entera
  • 80 g de azúcar
  • 60 g de maicena (fécula de maíz)
  • 2 yemas de huevo
  • 1 rama de canela
  • La piel de un limón
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • Para el rebozado: 1 huevo batido, harina y pan rallado fino
  • Aceite de girasol para freír
  • Azúcar y canela para acabar

Elaboración

Reserva 100 ml de leche fría y disuelve en ella la maicena removiendo bien hasta que no queden grumos. Calienta el resto de la leche con el azúcar, la rama de canela, la piel de limón y la vainilla a fuego medio sin que llegue a hervir. Cuela y vuelve a poner en el cazo.

Bate las yemas en un bol. Añade la mezcla de leche con maicena y las yemas a la leche caliente colada, removiendo constantemente con unas varillas. Cocina a fuego medio-bajo sin parar de remover durante 8-10 minutos hasta que la crema espese considerablemente y se despegue de las paredes del cazo.

Vierte la crema en una fuente rectangular previamente humedecida, con una altura de unos 2,5 cm. Deja enfriar a temperatura ambiente y después refrigera al menos 3 horas, mejor toda la noche.

Una vez fría y sólida, desmolda y corta en porciones cuadradas o rectangulares. Pasa cada trozo por harina, huevo batido y de nuevo por harina (o pan rallado para más crujiente). Fríe en aceite de girasol a 180 °C durante 2 minutos por cada lado. Escurre y reboza en azúcar con canela. Sirve caliente o templada.

Flores manchegas

Las flores manchegas son uno de esos dulces que sorprenden por su forma tanto como por su sabor. Se elaboran con un molde de hierro con forma de flor, que se calienta en el aceite y se sumerge en una masa líquida fina. La masa se adhiere al molde caliente y se fríe en cuestión de segundos, dando lugar a una flor crujiente y delicada que se espolvorea con azúcar glass. Son imprescindibles en La Mancha durante la Semana Santa, pero también en Castilla-La Mancha y Extremadura.

Ingredientes (para unas 20-25 flores)

  • 200 g de harina de trigo
  • 2 huevos
  • 200 ml de leche entera
  • 50 ml de anís dulce
  • 1 cucharada de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • La ralladura de un limón
  • Aceite de girasol para freír (abundante)
  • Azúcar glass para decorar
  • Molde de flor para fritos (imprescindible)

Elaboración

Mezcla todos los ingredientes de la masa en un bol con unas varillas hasta obtener una masa completamente lisa, sin grumos y de consistencia similar a la de un crepe. Deja reposar 30 minutos en la nevera.

Calienta abundante aceite en un cazo hondo a 180 °C. Introduce el molde de flor en el aceite caliente durante al menos 2 minutos, hasta que esté muy caliente. Este paso es crítico: si el molde no está bien caliente, la masa no se adhiere.

Saca el molde del aceite y sumérgelo inmediatamente en la masa fría hasta casi el borde (sin cubrir el borde del molde para que la flor pueda desprenderse). Vuelve a introducir el molde en el aceite caliente. En 30-60 segundos, la masa se dora y se desprende sola del molde. Ayuda con una espumadera si es necesario. Fríe 30 segundos más hasta que esté dorada y crujiente. Escurre sobre papel absorbente.

Espolvorea con azúcar glass abundante antes de servir. Las flores se conservan crujientes durante 2-3 días en una caja hermética a temperatura ambiente.

Maridaje de postres con vinos y cavas

Los postres de Semana Santa, ricos en azúcar, canela y aceite, piden acompañantes a la altura. Aquí van los mejores maridajes para cada elaboración:

Con torrijas de vino dulce

La lógica aquí es sencilla: si has hecho la torrija con vino dulce, sírvela con ese mismo vino. Un Pedro Ximénez bien frío (entre 10 y 12 °C) acompaña la torrija sin competir con ella, reforzando los mismos sabores de fruta pasa y caramelo que el vino ya le ha aportado al pan. Un moscatel de Alejandría también funciona muy bien.

Con torrijas de leche

La versión con leche tiene un sabor más suave que pide algo con burbuja para limpiar el paladar. Un cava brut nature o extra brut es el acompañante perfecto: la acidez y la efervescencia del cava contrastan con la cremosidad de la torrija de leche y refrescan entre bocado y bocado.

Para este maridaje, recomendamos el Cava Verema de Canals & Munné (12,50 €), un cava de calidad con buena acidez, notas de bollería y fruta blanca que encaja a la perfección con todos los postres de esta guía. Es la elección inteligente para quien quiere elevar la sobremesa de Semana Santa sin complicarse.

Con pestiños

Los pestiños con miel piden algo con dulzor moderado y mucho aroma. Un oloroso semiseco o un amontillado de Jerez son la elección clásica andaluza. Si prefieres algo más fresco, un cava semiseco funciona sorprendentemente bien con el anís y la miel.

Con buñuelos de viento y leche frita

Estos dos postres, más ligeros y con rellenos cremosos, piden vinos con acidez y algo de fruta. Un cava rosado o un Prosecco fresco son opciones acertadas. También funciona muy bien un Rias Baixas blanco con algo de residual, como un Albariño con crianza sobre lías.

Con flores manchegas

Las flores, delicadas y crujientes, se pierden con vinos muy expresivos. Un manzanilla de Sanlúcar, muy seco y salino, es el contraste perfecto: limpia el paladar después del azúcar y aporta complejidad sin taparlo. Si prefieres algo con burbuja, un cava brut con buena acidez también funciona.

Y si quieres completar tu Semana Santa con los platos salados de siempre, no te pierdas nuestra guía de qué comprar para Semana Santa: productos del mar y nuestro artículo sobre la Cuaresma y el bacalao, el pescado que da nombre a nuestra tienda y que desde 1990 llevamos seleccionando en el Mercat del Ninot. Para los platos salados, también encontrarás inspiración en nuestras colecciones de bacalao desalado, listo para cocinar directamente.

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Preguntas frecuentes

¿Qué pan es mejor para hacer torrijas?

El mejor pan para torrijas es el pan de pueblo o de hogaza con miga densa, con al menos un día de reposo. El pan de molde artesano compacto también funciona bien. Evita baguettes, chapatas o panes con mucho alvéolo porque se rompen al empaparse. El grosor ideal de cada rebanada es de 2,5 a 3 centímetros.

¿Cuánto tiempo hay que dejar el pan en el vino o la leche?

Depende del tipo de pan y del grosor de las rebanadas. Para un pan de pueblo cortado a 2,5 cm, entre 3 y 5 minutos por cada lado en el vino o la leche tibia suele ser suficiente. La señal de que está en su punto: la rebanada se levanta con una espumadera sin romperse, pero cede ligeramente al presionar el centro. Si se rompe, ha estado demasiado tiempo.

¿Qué vino dulce es mejor para las torrijas de vino?

Los mejores vinos para torrijas de vino son el Pedro Ximénez, el Málaga dulce y el moscatel. También funcionan bien el oloroso dulce de Jerez o un vino de Oporto blanco. Lo importante es que sea un vino con cuerpo y dulzor suficiente, nunca un vino de mesa seco, que resultaría demasiado ácido y astringente.

¿A qué temperatura hay que freír las torrijas?

La temperatura ideal para freír torrijas es entre 170 y 180 °C. Por debajo de 170 °C, el pan absorbe demasiado aceite y queda graso. Por encima de 185 °C, el exterior se quema antes de que el interior se caliente bien. Si no tienes termómetro de cocina, comprueba con un trozo pequeño de miga: si burbujea rápidamente al contacto con el aceite pero no se oscurece en segundos, la temperatura es correcta.

¿Cuánto tiempo duran las torrijas?

Las torrijas se conservan en la nevera, tapadas, durante 3 o 4 días. De hecho, muchas personas consideran que están mejor el día siguiente de hacerse, cuando el azúcar se ha integrado y los sabores se han asentado. No se recomienda congelarlas porque la textura de la miga se deteriora al descongelar.

¿Cuál es la diferencia entre torrijas de vino y torrijas de leche?

Las torrijas de vino usan vino dulce como líquido de remojo, lo que les da más color, más sabor profundo y un punto de acidez que equilibra el azúcar. Son más características del sur de España, especialmente de Andalucía. Las torrijas de leche usan leche entera infusionada con canela y limón: quedan más suaves, más blancas y cremosas, y son la versión más popular en Castilla y el norte. Ambas se terminan con azúcar y canela, pero el carácter final es muy diferente.

¿Se pueden hacer torrijas sin gluten?

Sí, es posible hacer torrijas sin gluten usando pan sin gluten de miga compacta (existen varias marcas que lo elaboran). El proceso es exactamente igual, aunque el pan sin gluten suele ser más frágil, por lo que conviene manejarlo con más cuidado y reducir ligeramente el tiempo de remojo. El resultado es algo menos esponjoso que la versión tradicional, pero perfectamente aceptable para quienes no pueden consumir gluten.

¿Qué otros postres son típicos de Semana Santa en España?

Además de las torrijas, los postres más tradicionales de Semana Santa en España son los pestiños andaluces (masa frita bañada en miel), los buñuelos de viento (masa choux frita y hueca), la leche frita (crema espesa frita rebozada), las flores manchegas (masa frita en molde con forma de flor), la mona de Pascua (en Cataluña y Levante), el potaje de garbanzos (que técnicamente es salado pero es el plato de Viernes Santo por excelencia), y las yemas de Santa Teresa, típicas de Ávila.

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Maria José Sáez Pastor

Maria José Sáez Pastor

Cocina & Recetas del Mar

Experta en cocina y recetas de productos del mar. Apasionada por la gastronomía mediterránea, desarrolla y adapta recetas tradicionales y creativas con bacalao, anchoas, mariscos y conservas gourmet.

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