El potaje de garbanzos con callos de bacalao y espinacas es uno de los grandes platos de la cocina de Cuaresma española. Sustancioso, reconfortante y profundamente sabroso, este guiso combina la cremosidad de los garbanzos con la textura gelatinosa de los callos de bacalao y la frescura de las espinacas. Es un plato humilde que se ha ganado un lugar en las mesas más exigentes. Te enseñamos la receta completa, paso a paso, con todos los trucos para que te salga perfecto.
Contenido del artículo
- ¿Qué son los callos de bacalao?
- Historia del potaje de vigilia
- Ingredientes completos
- Preparación previa: garbanzos y callos
- Receta paso a paso
- 6 secretos para el potaje perfecto
- Variantes del potaje de bacalao
- Valor nutricional del potaje
- Cómo conservar y recalentar
- Preguntas frecuentes
- Conclusiones
¿Qué son los callos de bacalao?
Los callos de bacalao son el estómago y las tripas del bacalao, una parte del pescado que durante mucho tiempo se consideró un subproducto de escaso valor pero que hoy se ha revalorizado como pieza gastronómica propia. En Portugal se conocen como "tripas de bacalhau" y son un ingrediente estrella de la cocina tradicional.
Los callos de bacalao tienen una textura única: gelatinosa, ligeramente masticable y extraordinariamente rica en colágeno. Cuando se cocinan lentamente en un guiso o potaje, sueltan una gelatina natural que espesa y enriquece el caldo de forma espectacular. Es exactamente lo mismo que ocurre con los callos de ternera, pero con el sabor del mar.
Aspecto y textura
Los callos de bacalao en salazón se presentan como piezas irregulares de color blanco-amarillento, de textura firme y algo rugosa. Una vez desalados e hidratados, se vuelven más blancos, blandos y gelatinosos. Su sabor es suave, ligeramente marino, y absorben maravillosamente los sabores del caldo en el que se cocinan.
Valor gastronómico
Lo que hace especiales a los callos de bacalao es su capacidad de transformar un plato. Un potaje de garbanzos con espinacas es bueno; con callos de bacalao se convierte en algo completamente diferente. La gelatina que sueltan da al caldo una untuosidad y un cuerpo que ningún otro ingrediente puede replicar. Es el secreto mejor guardado de las abuelas que cocinaban potaje de vigilia.

Historia del potaje de vigilia
El potaje de garbanzos con bacalao es un plato profundamente arraigado en la tradición cuaresmal española. Durante la Cuaresma (los 40 días antes de Semana Santa), la doctrina católica prescribía la abstinencia de carne. Los viernes y durante toda la Semana Santa, las familias españolas necesitaban platos sustanciosos que sustituyeran a los guisos de carne habituales.
La solución fue tan ingeniosa como deliciosa: garbanzos (la legumbre más cultivada en España), espinacas o acelgas (disponibles en primavera) y bacalao en salazón (disponible todo el año y económico). El resultado era un plato completo, nutritivo y que podía alimentar a una familia entera con ingredientes modestos.
Un plato de pobres que conquistó todas las mesas
Aunque nació como comida de vigilia para las clases populares, el potaje de garbanzos con bacalao ha trascendido su origen humilde. Hoy se sirve en restaurantes de toda España, desde tabernas tradicionales hasta establecimientos con estrella Michelin que reinterpretan la receta con técnicas modernas. Es un ejemplo perfecto de cómo la cocina española transforma ingredientes sencillos en platos extraordinarios.
Ingredientes completos
Para 6-8 personas
- 500 g de garbanzos secos (o 1 kg de garbanzos cocidos en tarro)
- 400 g de callos de bacalao en salazón (ya desalados serán unos 600-700 g)
- 300 g de espinacas frescas (o 200 g de espinacas congeladas)
- 2 huevos duros
- 1 cebolla grande
- 4 dientes de ajo
- 2 tomates maduros rallados
- 1 cucharadita de pimentón dulce de la Vera
- 1 hoja de laurel
- Una pizca de comino molido
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal (ajustar al final)
- Pimienta negra
Para el majado (opcional pero recomendable)
- 2 rebanadas de pan del día anterior, frito
- 2 dientes de ajo fritos
- 1 cucharada de vinagre de Jerez
- Un puñado de almendras tostadas (opcional)
- Una pizca de azafrán (opcional)

Preparación previa: garbanzos y callos
Los garbanzos (la noche anterior)
Pon los garbanzos secos en remojo en agua abundante con una cucharadita de sal gorda y una pizca de bicarbonato. Deja en remojo mínimo 12 horas (mejor 24). El bicarbonato ablanda la piel del garbanzo y reduce el tiempo de cocción. Si usas garbanzos en tarro ya cocidos, salta este paso.
Los callos de bacalao (48 horas antes)
Los callos de bacalao en salazón necesitan un desalado cuidadoso:
- Lava los callos bajo el grifo para retirar el exceso de sal superficial.
- Colócalos en un recipiente grande con agua fría abundante.
- Refrigera y cambia el agua cada 8-12 horas durante 48 horas.
- Para comprobar si están listos, corta un trozo pequeño y pruébalo: debe tener un sabor suavemente salado.
Una vez desalados, los callos habrán absorbido agua y su volumen habrá aumentado significativamente. Su textura será más blanda y gelatinosa, lista para incorporar al potaje.
Receta paso a paso
- Cuece los garbanzos: Si usas garbanzos de remojo, escúrrelos y colócalos en una olla grande con agua fría que los cubra con holgura (unos 3 dedos por encima). Añade la hoja de laurel y un chorrito de aceite de oliva. Lleva a ebullición y cocina a fuego medio-bajo durante 1,5-2 horas hasta que estén tiernos pero enteros. Si necesitas añadir agua durante la cocción, que sea siempre caliente (el agua fría endurece la piel del garbanzo).
- Prepara los callos: Mientras se cuecen los garbanzos, corta los callos de bacalao desalados en trozos de unos 3-4 cm. Resérvalos.
- Sofrito: En una sartén grande con aceite de oliva virgen extra generoso, sofríe la cebolla picada fina a fuego medio hasta que esté transparente y empiece a dorarse (unos 15 minutos). Añade los dientes de ajo picados y sofríe 2 minutos más. Incorpora el tomate rallado y cocina hasta que el agua se evapore y el sofrito tome un color oscuro (10 minutos). Añade el pimentón, remueve rápidamente (el pimentón se quema en segundos) y retira del fuego.
- Prepara el majado (si lo haces): Fríe las rebanadas de pan y los ajos en aceite de oliva hasta que estén dorados. En un mortero, maja el pan frito, los ajos, las almendras tostadas (si las usas), una pizca de azafrán, el comino y el vinagre de Jerez hasta obtener una pasta. Si no tienes mortero, tritura en un vaso batidor.
- Incorpora todo a la olla: Cuando los garbanzos estén casi tiernos, añade el sofrito, los callos de bacalao y el majado (si lo has preparado). Mezcla con cuidado. Cocina todo junto a fuego suave durante 30-40 minutos. Los callos de bacalao irán soltando su gelatina, espesando y enriqueciendo el caldo del potaje.
- Añade las espinacas: En los últimos 5-10 minutos de cocción, incorpora las espinacas frescas lavadas (o descongeladas si son congeladas). Las espinacas se reducen rápidamente. Si usas acelgas, añádelas 15 minutos antes porque necesitan más tiempo de cocción.
- Ajusta el punto: Prueba el caldo y ajusta la sal si es necesario (recuerda que los callos de bacalao aportan salinidad). Añade pimienta negra al gusto. El potaje debe tener una consistencia espesa pero caldosa: no es una crema, pero tampoco un plato seco. Si está demasiado líquido, sube el fuego y reduce unos minutos. Si está demasiado espeso, añade un poco de caldo o agua caliente.
- Reposo: Apaga el fuego y deja reposar el potaje tapado durante al menos 20-30 minutos. Como todos los guisos, el potaje mejora con el reposo porque los sabores se integran y la textura se asienta.
- Servicio: Sirve en platos hondos, decorando con huevo duro cortado en rodajas, un chorrito de aceite de oliva virgen extra en crudo y, si quieres, unos picatostes de pan frito.
6 secretos para el potaje perfecto
- No mezcles demasiado: Remueve con cuchara de madera y movimientos suaves. Los garbanzos se rompen fácilmente y un potaje con garbanzos rotos pierde presencia y textura.
- El majado marca la diferencia: Muchos cocineros se saltan el majado por pereza, pero es el ingrediente que separa un potaje correcto de uno extraordinario. El pan frito y las almendras espesan el caldo y aportan una profundidad de sabor que el sofrito solo no puede lograr.
- No pongas las espinacas demasiado pronto: Las espinacas se sobrecocinar fácilmente, perdiendo color, textura y vitaminas. Añádelas en los últimos 5-10 minutos para que conserven su verde vibrante y su sabor fresco.
- La calidad de los garbanzos importa: Un garbanzo de Fuentesaúco, de Pedrosillo o de otra denominación de calidad tiene una diferencia de sabor y textura notable frente a un garbanzo industrial. Merece la pena invertir en buenos garbanzos.
- El potaje del día siguiente: Como casi todos los guisos de legumbres, el potaje está más bueno al día siguiente. Los garbanzos absorben los sabores del caldo durante la noche y la gelatina de los callos de bacalao se integra completamente. Si puedes, prepáralo un día antes.
- El toque de vinagre: Una cucharadita de vinagre de Jerez añadida justo antes de servir (o incluida en el majado) añade un punto de acidez que equilibra la untuosidad del caldo y despierta todos los sabores. Es un truco sutil pero poderoso.
Variantes del potaje de bacalao
Con lomos de bacalao en lugar de callos
Si no encuentras callos de bacalao, puedes usar lomos de bacalao desalado cortados en trozos grandes. El resultado será menos gelatinoso pero igualmente sabroso. Añade los lomos en los últimos 15 minutos de cocción para que no se deshagan.
Con acelgas en lugar de espinacas
En muchas regiones de España, el potaje se prepara con acelgas en lugar de espinacas. Las acelgas tienen un sabor ligeramente más terroso y las pencas aportan una textura diferente. Si usas acelgas, separa las pencas (que necesitan más cocción) de las hojas y añádelas 15 minutos antes.
Con langostinos
Una versión más festiva que se prepara especialmente para la cena de Viernes Santo. Se añaden langostinos pelados en los últimos 5 minutos de cocción. El contraste entre el marisco, los garbanzos y el bacalao es espectacular.
Potaje de vigilia con huevo escalfado
En lugar de huevo duro, algunos cocineros escalfan un huevo directamente en el potaje caliente justo antes de servir. La yema líquida se mezcla con el caldo creando una salsa increíble. Es una versión más moderna y visual.
Con alioli
En algunas zonas de Cataluña y Valencia, el potaje de bacalao se sirve con una cucharada de alioli que se disuelve en el caldo caliente. La combinación del ajo crudo del alioli con la gelatina del bacalao es adictiva.
Valor nutricional del potaje
El potaje de garbanzos con callos de bacalao y espinacas es un plato nutricionalmente completo:
- Proteínas: Los garbanzos aportan proteína vegetal y el bacalao proteína animal de alta calidad. Juntos, forman un perfil aminoacídico completo.
- Fibra: Los garbanzos son una excelente fuente de fibra dietética (entre 12 y 15 g por 100 g de garbanzo seco).
- Hierro: Las espinacas y los garbanzos aportan hierro vegetal. La vitamina C de las espinacas favorece su absorción.
- Colágeno: Los callos de bacalao son ricos en colágeno, que durante la cocción se transforma en gelatina con beneficios para articulaciones y piel.
- Grasas saludables: El aceite de oliva virgen extra aporta ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico).
- Valor calórico aproximado: Un plato generoso (400 g) ronda las 350-400 kcal, una cifra moderada para un plato principal tan saciante.
Cómo conservar y recalentar
- Refrigerador: Se conserva 4-5 días en recipiente hermético. La gelatina de los callos de bacalao solidifica en frío, lo que es normal: al recalentar se licua de nuevo.
- Congelador: Se congela perfectamente hasta 3 meses. Los garbanzos y los callos de bacalao aguantan bien la congelación. Las espinacas perderán algo de textura pero el sabor se mantiene.
- Recalentado: Siempre a fuego suave en olla o cazuela, removiendo de vez en cuando. Si se ha espesado mucho en la nevera, añade un chorrito de agua o caldo caliente. Evita el microondas a máxima potencia, que puede resecar los garbanzos de la superficie.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se compran callos de bacalao?
Los callos de bacalao se encuentran en pescaderías especializadas y tiendas de alimentación selecta. Se venden normalmente en salazón, como el propio bacalao. En algunas zonas son un producto menos común que los lomos, así que puede que tengas que pedirlos específicamente. También los encontrarás en tiendas online especializadas en productos del mar.
¿Puedo hacer el potaje sin callos de bacalao?
Sí, puedes sustituirlos por lomos o migas de bacalao desalado. El resultado será diferente (menos gelatinoso y menos untuoso) pero igualmente delicioso. Si usas lomos, córtalos en trozos grandes y añádelos en los últimos 15 minutos de cocción para que no se deshagan.
¿Se puede hacer en olla express?
Sí. Cuece los garbanzos en la olla express durante 20-25 minutos. Luego abre, añade el sofrito, los callos de bacalao y las espinacas, y cocina todo junto a fuego suave (sin presión) durante 20 minutos más. La olla express reduce drásticamente el tiempo de cocción de los garbanzos pero es importante no cocinar el bacalao a presión porque se desharía.
¿Es este un plato solo de Cuaresma o se puede comer todo el año?
Aunque tradicionalmente se asocia a la Cuaresma y la Semana Santa, el potaje de garbanzos con bacalao es un plato que se puede (y se debe) disfrutar durante todo el año. Es especialmente reconfortante en los meses de otoño e invierno, cuando apetecen platos calientes y sustanciosos. En muchos hogares españoles se come habitualmente durante toda la temporada fría.
¿Qué vino marida bien con este potaje?
Un vino blanco con cuerpo, como un Godello de Valdeorras o un Verdejo fermentado en barrica, funciona bien con la untuosidad del caldo. Si prefieres tinto, un tinto joven y frutal (Mencía del Bierzo, Garnacha de Aragón) sin demasiados taninos complementa los garbanzos y el bacalao sin abrumarlos. Un fino de Jerez es quizás el maridaje más clásico y acertado.
¿Qué diferencia hay entre los callos de bacalao y las kokotxas?
Son piezas completamente diferentes. Las kokotxas son la parte inferior de la mandíbula del bacalao (la "papada"), una pieza pequeña y delicada muy apreciada en la cocina vasca. Los callos son el estómago y las tripas, piezas más grandes y con una textura más gelatinosa. Ambos son ricos en colágeno, pero las kokotxas se consideran una pieza más noble y tienen un precio muy superior.
¿Puedo añadir otros ingredientes al potaje?
Hay muchas variantes regionales que incorporan ingredientes adicionales: judías verdes, zanahorias, patatas, fideos o incluso arroz. La base de garbanzos, bacalao y verdura es muy versátil y admite adiciones sin perder su esencia. Lo que no debes hacer es sobrecargar el potaje con demasiados ingredientes que diluyan los sabores principales.

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Conclusiones
El potaje de garbanzos con callos de bacalao y espinacas es uno de esos platos que demuestran la genialidad de la cocina española de siempre. Con ingredientes humildes y una técnica sencilla, se consigue un resultado que satisface, reconforta y nutre. La clave está en los callos de bacalao, esa pieza muchas veces olvidada que aporta una gelatina y una profundidad de sabor que elevan el potaje a otra categoría.
Tanto si lo preparas para Semana Santa como para una cena de invierno cualquiera, este potaje es un recordatorio de que la gran cocina no necesita ingredientes caros ni técnicas complicadas. Necesita producto de calidad, paciencia y el conocimiento de unos pocos trucos que marcan la diferencia.
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